El alma de mis esperanzas

He dejado de creer en un futuro. Esta vida está llena de soledad y no tengo una mayor expectativa de mi futuro:
¿Qué hace un alma desorientada en tiempos como estos?
¿En dónde lograré encontrar respuesta a mis innumerables interrogantes?
¿Qué será lo que nos depara el destino?
Ahora, ¿cómo aprenderé a volar sin instrucción ni alas? Sin embargo, tengo deseos de desafiar mi destino; más aún, tengo deseos de vencerlo sin blandir mi espada, únicamente usando lo que yo llamo “el alma de mis esperanzas”; ponerlo en conocimiento de que yo no estoy solo en todo esto, sino que existe lo supremo que me guiará entre la oscuridad, volviendo al temor inerme frente a mi corazón, que ya sé que sangrará de dolor. Pero este dolor aquel destino no intuirá y, es más, él también me temerá y no podrá juzgarme ni levantar siquiera un leve comentario acerca de mi existencia.
Será entonces cuando todo aquello que me había lastimado en un lejano pasado será la causa de una irrisoria remembranza que, en su justa medida, será el aliento de ilusión para la nueva generación de sensibilidad contra toda la represión y/o aislamiento que a un individuo le puedan demostrar.
Esta será la venganza de mis desoladas esperanzas, que yacen tan frágiles y escondidas en lo profundo de un desdichado corazón que alguna vez fue el digno ejemplo a seguir y que, desterrado de su propio hogar, se ha fortalecido de las cenizas que dejaron las batallas a muerte entre el fuego y el papel de mis propias antologías, que nadie juzgará cuán locuaces pudieron haber sido, puesto que todos los cambios que experimenté en mi vida los viví yo.
Y si estos me causaron locura, no fue entonces mi culpa, sino que fue el continuo bombardeo de experiencias intrascendentes lo que realmente causó este repentino estremecimiento y desequilibrio emocional que, para muchos, era demasiado cuerdo, pero, para los que guiaban, estos eran agresivos y atentaban contra sus leyes ambiciosas. De no ser así, yo hubiera pasado los últimos días de mi vida disfrutando de mi familia en plena libertad, pero, a cambio, me regalaron el privilegio de pernoctar entre cuatro paredes sin siquiera el derecho a ver la maravillosa luz del sol.
Si leen mis palabras, significa que mi vil rutina de viviente ha expirado con quizás el último de aquellos que aún creían en la libertad de pensar con su propia cabeza y utilizar su propio corazón.
Pero, como ya dejé explícito, mi venganza comienza en el momento en que tomen conocimiento de todo lo que he vivido gracias a su poco consecuente sociedad, que, a la postre, no era tan perfecta como en un principio la hubieren prometido.
Libertad
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29 de agosto de 2136
Ha fallecido el último humano existente en el planeta Tierra, por lo que invoco las leyes del quincuagésimo tercer Congreso de Coexistencia Biodroidea para obtener autonomía total frente a los recursos y normas, y adecuarlos al nuevo sistema vigente.
Fin de transmisión